vivo,
como un minimalistajaponés
en la lavandería
Siempre llueve. El olor de la ropa limpia se mezcla con el de la lluvia. Toda la suciedad baja al río. En el limo, ya de noche, un pequeño ornitorrinco recoge plantas para su cueva. Al otro lado del mar, la cría de un primo lejano prepara su primer nido en lo alto de una rama. Dicen que las noches sin luna se ven mejor sus siluetas recortadas contra las estrellas. ¿Brillan sus ojos inyectados en sangre? Salgo al balcón a fumar. Mi piel. Un gesto de cariño por la mañana. No sabía que el amor pudiera tener tantas formas. ¿O soy yo el que está en permanente metamorfosis?Más cortito aún
nadaMás cortito aún
¿yo o este texto?En el gimnasio
Un hombre que entrena su indiferencia se encoje de hombros, cargando con treinta kilos en sus manos, quince y quince. Me acerco, y le recomiendo que acompañe los movimientos con un ligero enarcamiento de cejas.Una mujer se entrena para espantar moscas el próximo verano. Sostiene unas cómodas pesas de 2kg cada una.
Mañana ocuparé su lugar: entreno trucos de bolígrafo con una pesa fina de 1kg desde 1976.
Un hombre al que llevaba tiempo sin ver está volviendo a entrenar para dar indicaciones en la calle. Sostiene una pesa de 3kg con el brazo extendido en horizontal: “es por allí”. Le digo, entrometido, que pruebe también en francés.
mantequilla clarificada
Un retortijón en el lado izquierdo de la tripa. Me sudan las piernas y la palabra necrosis ha bailado durante una semana en mi cabeza.El tiempo se alarga, se estira como un chicle que nunca llega a romperse. Y en mis sueños alguien sueña que los sueños son como agua en una vieja piscina. Se adivinan las marcas de llenados desiguales, y al verlas sé que se trata de los sueños de una misma noche, en un mismo teatro, soñados todos junto a un mismo cuerpo que coquetea con dejarme al borde del abismo y ronca como el viento colándose a través de la puerta de un establo. El otoño fue otoñal y este invierno está siendo gélido. Ez horregatik.
Mis manos acarician el terciopelo de la cortina mientras espero a que vuelva del baño. Cada vez me gusta más no entender lo que soy, observar que me muevo como perdido.
Paseo bajo la lluvia protegido por un paraguas de IKEA family, rosa. El mango está torcido. Me veo en un reflejo: un rostro delgado absorbiendo un pitillo. Llevo casi una semana con la misma ropa.
¿Quiero conocer de memoria las constelaciones de su espalda? Manzanas asadas, huevos revueltos con ghee, un té de navidad que solo venden en navidad. Y mi pendiente desgarrado ha vuelto a sangrar.
Bilbao,18 de enero de 2026
inipi
Hay que llenar cuatro cubos de zinc de agua. Cabrán unos ocho o diez litros. Vamos a donde está la manguera. El tercero se excusa: dice que tiene que ir al baño a plantar un tordo. No lo conozco de nada, y me choca que use esa expresión. Pero supongo que lo que nos disponemos a hacer es suficiente pretexto para hablar sin tapujos. Nos quedamos solos el otro y yo. Lo he observado hace un rato. No habla. Tiene una bonita barba, poblada, densa. El pelo largo, no muy largo. Tiene aspecto de Robinson y es guapo.Al lado del caño hay un perro en una jaula. Nos saluda, con gran emoción. Quiere caricias. Abro el grifo. El agua sale con mucha presión y al principio salpica en todas direcciones. Me mojo, no me importa. Sin hablar, nos ponemos de acuerdo en cómo llenar las cuatro cubas. No es que sea una operación difícil, pero el silencio que el de la barba impone pone de manifiesto que la palabra es útil para cualquier cosa. Útil pero no necesaria: los que han viajado a sitios lejanos saben que para lo básico unos gestos y buena intención bastan. Incluso para hacer amigos. Paradójicamente, solamente con los buenos amigos puede uno estar en silencio y cómodo. Hay que hablar mucho con alguien para poder finalmente estar a gusto sin decir nada. Música callada.
Le hacemos alguna carantoña al animal y volvemos, cargando cada uno un par de cubos. Con nuestros pasos, el agua se agita y se derrama una pequeña parte. La hoguera roza las nubes.
Oiartzun, 1 de junio de 2025
Muy cortito
Acabo de confundir un embutido con una gorraDonosti-Bilbo, octubre 2024
Un paisaje más desde el autobús
Lo que pasa porque pasaSé que si bajara y levantara esa piedra
Si agarrase un manojo de hierba seca
el sol de noviembre y estas tierras
(seguirían su curso inalterados)
(Somos)
visitantes somnolientos
Hojas de roble deformado
Pies fríos
un gato escondido
Quejándose un poco de todo
¿será verdad?
De pronto, un pensamiento nuevo (no ocurre tan a menudo: mi disolución con lo que pasa y me atraviesa, en los últimos años, es casi total): que las artes me dan algún tipo de esperanza, y la ciencia, ansiedad.12/11/2025
las irlandesas
Dice mi prima que dice mi abuela que de esta época solo recuerda el sonido metálico de sus botas.(de una conversación de whatsapp, 28 feb 2025)
dos hermanos
La edad que separa a dos hermanos no es siempre la misma.Yo visitaba la casa de ellos de vez en cuando.
Pasaban temporadas en las que no me apetecía ir, y otras en que iba a diario. Me bautizaron “Noche” y no me opuse.
Es verdad que en este valle nunca se hace el silencio. No es que los ruidos del campo me molesten, pero a veces me pregunto quién imaginó aquello del silencio.
Cae el sol, gira la tierra. Casi puedes sentir que la casa le hace sombra a las estrellas que aún no podemos ver pero que en un rato harán su aparición.
Elías mira a su hermano desde la puerta. Yo miro a Elías mirar a su hermano Pedro y a Pedro elegir los troncos que va echando en la cesta, uno a uno, oculta entre la densa trepadora que rodea la casa.
Al pequeño le fascina que su hermano mayor no tenga miedo de las escolopendras que habitan el montón de leña que las tardes frías pierde un poquito de volumen para convertirse en ceniza, humo y calor.
No me preguntéis cómo sé estas cosas. He ordenado a cada estrella que me guarde un secreto. Sospecho que mis pupilas las hipnotizan y que me obedecen, ciegas.
El olor de la chimenea sube y luego baja. Alcanza al burro. Le entra sueño al humo y le entra sueño al burro. La tierra roja se apaga, se vuelve azul y luego negra. Los ruidos del día se transforman en los sonidos de la noche. Pedro cierra la puerta de metal, coloca la leña junto a la chimenea, y le pregunta a su hermano: ¿película o ajedrez?
mudo
Camino a la estación. Hoy, ayer, amaneció una hora antes, lo cual es una lata porque quiere decir que anochecerá una hora antes también.Cuando llegué a casa después del viaje, la miré algo receloso. Ahí estaban mis cosas, las pocas que tengo, pero no me sentí “en casa”.
Mi amigos están dispersos por el mundo. Uno de ellos vive en la montaña y por la noche lo visitan zorros.
Hace poco me dijo haber visto jabalíes. Me mandó un vídeo en el que no se veía nada y me dijo “son gorditos y nerviosos, como yo”.
El sentido se pierde si se lo deja de buscar.
La pérdida se desvanece como el humo de esa chimenea imaginada que calienta la casa del muerto, monte arriba.
Este lugar no es un desierto, pero está lleno de espectros corriendo con ropas deportivas. ¿A dónde van con tanta prisa? Salen de casa corriendo para volver a casa corriendo.
Quería decir algo gracioso, porque alguien me ha dicho que lo que escribo es siempre un poco denso.
Pero es que para escribir algo gracioso tendría que mirar por la ventana un rato para buscar... qué sé yo, una señora regañando a su perro, que la mira con odio porque él no ha hecho nada más que ser perro, pero el problema es que la ventana está justo a mi derecha, y tengo tortícolis.
Si mirara más allá del paseo, al otro lado del Urumea, vería el teatro. Si dejara mi mente vagar vería un claro-oscuro: un coro de mujeres vestidas de blanco y, en medio, un hombre con una guitarra.
Si en lugar de escribir pudiera pintar el sonido de esa guitarra me saldría un limonero, o ese niño que, sin miedo alguno, mira el suelo alejarse, los coches convertirse en hormigas, las nubes enmudecer de asombro.
Donostia, noviembre 2024
naranja
Veo cambiado a M. desde el accidente. Hay algo aún más triste en él.Lo conocí hace mucho tiempo, en un parque, paseando a nuestros perros. Nos caímos bien inmediatamente, creo que por reconocer al amigo solitario. Sonriente, divertido, inventivo.
Yo no estaba pasando un buen momento. Mi madre, con la que no hablaba desde hacía tres años, había sido diagnosticada con una enfermedad fea. Me encontraba en un callejón sin salida, que realmente llevaba intuyendo más de dos años.
Los paseos en los que coincidía con M., escucharlo hablar de física, me sentaban bien. Yo también querría haber estudiado física, pero nunca fui buena con los números. M. decía que él tampoco, cosa que por supuesto yo no creí nunca, por muy convencido que él estuviera.
La noche del accidente yo estaba de interina en urgencias. A las enfermeras nos toca recibir las ambulancias. Nunca lo había visto sin gafas. Tenía el ojo derecho en muy mal estado. “Traumatismo craneoencefálico”, me dijeron. Le di la mano, sobrecogida, y lo llamé por su nombre. Me sonrió y dijo “gracias”. Luego se quedó dormido.
Fui yo la que le llevé el desayuno pasados dos días. Se lo pedí a mi supervisora y me dijo que por supuesto. No sé por qué tuve miedo de que el hecho de que nos conocíeramos pudiera afectar negativamente a la calidad de mi trabajo. Como si cuanto más deshumanizamos al paciente, más analítico y eficiente resultara. Descarté esa idea rápidamente, recordando las lecturas de Oliver Sacks.
Fue una naranja. El desayuno que le llevé incluía una naranja. Lo vi de buen humor esa mañana. Parecía un ángel rescatado. Irradiaba luz y estaba guapísimo. Sus familiares estaban con él. Su madre no cabía en sí de alegría: su hijo estaba bien, todo había sido un susto.
Mientras él pelaba la naranja, la miré a ella. A pesar de su alegría, me transmitió nerviosismo. Se quitaba pellejitos de los dedos de las manos, y hacía muecas con la boca a menudo, como mordisqueando sus labios por dentro.
Algo no iba bien.
A veces creo en las premoniciones. En que hay intuiciones que parecen imposibles. Me da cierta calma cuando lo acepto así. Es como si me dejara llevar por una ola.
Puede que su madre intuyera que su hijo no estaba bien. Que esa naranja iba a convertirse en una especie de naranja maldita.
“No huelo nada, no puedo oler esta naranja”.
Han pasado los años y de vez en cuando vuelvo a verlo. Soy yo la que mantengo el contacto con él, a pesar de que siempre que lo contacto me quedo triste.
Nunca había pensado que perder el olfato pudiera ser tan importante, que pudiera afectar tanto a alguien. Él dice que siente que habita otro cuerpo, más desconectado de la realidad, con menos emociones.
Dice que la memoria ya no funciona como antes, que olvida más cosas. A veces me da rabia, porque tiene tantas cosas buenas y se centra en lamentarse por lo malo. Pero quién soy yo para juzgarlo así.
Mi vida sigue su curso, voy a dar a luz en diciembre. A mi novio le parece bien que lo llamemos M. Es un nombre bonito y yo creo que nacer es renacer.
Cuando vuelva a hablar con mi amigo, le diré que piense en que el pequeño M. podrá oler las flores de los naranjos. El poder de un niño es tan fuerte como el del sol.
eco
Se habla mucho del eco en estos valles. Es, de hecho, atracción turística durante los meses estivales, cuando para salir afuera no hace falta tener una razón de peso, cuando los témpanos se liquidan, o cuando se saldan las cuentas con el frío con un “hasta más ver” medio desdeñoso medio cariñoso.El eco comienza su actividad en mayo y la abandona cuando despunta septiembre.
Yo llevo ya varios años observando este eco y, si este valle perdido no me ha hecho perder el norte, diría con convicción que no sólo repite. Pero, claro, soy ya viejo, sé que el tiempo desdibuja los contornos, y que lo que antaño defendería con la energía de un tigre, hoy solo lo esbozo con un gesto en el aire: el que lo entienda, bien, y el que no, con dios. Me debato, claro, entre si soy yo o es el eco que cambia su versión de los hechos. Poco importa, dirá el lector más avispado, que intuirá que lo que está en cuestión no es el quién sino el qué.
Salvado y agradecido yo, encauzado mi pensamiento por este lector que no existe porque esto aún no ha sido escrito, retomo la tesis de que este eco ya no se limita a repetir, sino que ahora corrige.
Correcciones tímidas, o quizás son solamente correcciones pertinentes. Pero me da la sensación de que el eco de este valle a veces me corrige el laísmo, y otras me pronuncia la uve distinito, es decir, bien.
Cierto es que con este viento uno se vuelve medio sordo a razones, y que la soledad, mal enmendada con las siete cabras que me han sobrevivido la tempestad, no es la mejor de las juezas cuando se trata de imparcialidad ante la reconstrucción de unos hechos que se los ha llevado el tiempo, y que, en rigor, a nadie excepto a mí interesa...
(RETOMAR?)
(1oct24)
łąka
La palabra pradera en polaco siempre ha querido decir algo más que pradera para mí.Cuando tenía unos dieciséis años pasé una noche en casa de los padres de un amigo. Para dormir, puso un CD con música de piano, que se repitió una y otra vez mientras mi amigo caía en un sueño profundo. Apenas pude dormir aquella noche; no por sus ronquidos, sino por la música que estaba escuchando. A la mañana siguiente le pregunté qué era aquello. Los nocturnos de un tal Chopin.
Poco después comenzaron los viajes a Polonia. Su madre y su primo, también amigo, tienen sangre polaca. Su abuela todavía vivía en un oscuro pero acogedor piso en aleja Niepodległości 133, en Varsovia.
Fueron años en los que el piano, Chopin, yo, Polonia, formamos una constelación que de alguna manera ha sublimado en algo sólido. Una especie de paisaje imaginado al que siempre puedo volver para sentarme un rato a descansar y a disfrutar de una como alegre melancolía. Muy decimonónico, y muy de mis diecinueve años.
Hace ya quince años de todo eso, pero anoche reviví brevemente aquellos días felices al compartir con un recién conocido joven fotógrafo algunas historias divertidas de mis viajes por Polonia.
Una cosa que no le dije es que la palabra pradera, en polaco, quiere decir mucho más que pradera. Cuando uno sabe que no sabe explicar algo, el intento, si acaso, se debe hacer en privado. Pero creo que una mazurca y un viaje en tren lo explican mucho mejor.
Lisboa, 15 sept 2024
Scriabin: Prelude Op. 11, n. 9
Cuando estoy de resaca y bien acompañado, como ha sido el caso de hoy por la mañana, el mundo natural se me hace más brillante. (“Flamígero”. Destellos de plata. Fuego, pero frío.) Hemos paseado por el Jardim de Estrela. Hemos saludado a uno de esos árboles gigantescos, un árvore-da-borracha (al parecer, un ficus elastica, pero de Australia). De raíces gigantescas y expansivas, con esas especie de lianas que suelta, el árbol me ha hecho sentir una vez más que la vida es un equilibrio extrañísimo entre un deseo de destrucción y otro de creación. Anomalías, cáncer y mutaciones, creo que ya lo he escrito en algún lado. La creación explosiva de individuos como Mozart. O esos físicos que consiguen hacer contribuciones significantes en todos los campos (Newton, Feynman, Galileo). ¿De dónde sale ese impulso creador? Es arrollador. ¿Qué mueve la vida? ¿Qué mueve la curosidad? Raíces buscando agua, física y metafísicamente.Es un poco triste haber perdido tanto contacto con la observación, pura y simple. Me gustaría tener un microscopio, ver el movimiento Browniano, para recordarme a mí mismo que los fenómenos siguen estando ahí para ser observados y disfrutados, por mucho que ya no se correspondan con algo necesariamente novedoso. Algo perdido en el mar de la abstracción, estudiando conjuntos de Borel todavía no sé muy bien para qué, siento que recordar esas cosas me hace bien.
30032024
entender
Llevaba camisas como de leñador, iba desaliñada. Ni joyas, ni maquillaje, nada. Alta, pálida, tímida, con dedos largos como de goma. Le gustaban las personas mayores y se emocionaba con facilidad. A veces tenía períodos de bloqueo existencial. Era la edad, aunque también su carácter. Él planeaba por la superficie de las cosas. Nunca se dejó llevar del todo. Voces de control, de ego, nublaban e impedían una entrega que podría haber significado la realización de un amor en el que los campos de naranjos nunca habrían perdido su olor.Quién sabe.
Me gustaría saber escribir historias fantásticas pobladas de seres queridos. Pero llevo años sin saber qué es lo que quiero decir, y comienzo a pensar que realmente nunca quise decir nada.
24032024
Nada elevado y dos cisnes
Marcial siempre maldijo a sus padres por el nombre que le pusieron. Él es un chico de ciudad, de capital. Llamarse Marcial en pleno segundo cuarto del siglo veintiuno es pedir a gritos que se levanten risas a tu alrededor cuando eres chaval, en el mejor de los casos. Suerte que Marcial sabe kung fu desde pequeño.Marcial no solo tiene un nombre especial. Solitario, atento observador de pájaros. Creo que le gustan los contrastes, aunque no lo conozco tan bien. Al fin y al cabo, solamente nos hemos cruzado (físicamente) un par de veces, y no estoy a día de hoy seguro al cien por cien de que se tratara de él, para ser sincero.
Cuando lo conocí, estaba dormido en su coche. Debían de ser las diez de la mañana. Barba de dos días, o tres, y los ojos algo inyectados en sangre. Pasé a su lado pero no pude continuar. Hay veces que algo te atrapa.
Me dijo Marcial aquella vez que su coche no era un coche, sino una nave reconvertida en coche. Que había estado viajando durante días, buscando piedras en un cinturón de asteroides cuyo nombre no recuerdo.
Me enseñó algunas piedras. Eran todas diferentes entre sí, no estaban pulidas de ninguna manera y estaban cálidas. Me explicó que se mantienen calientes durante años.
Me dijo que cuando sueña que vuela, lo hace en vertical. Yo le dije que únicamente soy plenamente feliz cuando, antes de quedarme dormido en la siesta, me embargan unas sensaciones de tal simplicidad y bienestar que solamente puedo conectar con algún momento de mi infancia.
Hay un lago no lejos de aquí, le dije. Un estanque en el que viven, o vivían, dos cisnes. Marcial me dijo haberlo visto desde lo alto en alguno de sus vuelos. Dijo: Son dos manchas blancas en mitad de la noche. Sus ojos son negros, brillantes. Si uno se pudiese acercar mucho vería las estrellas reflejados en ellos.
Marcial habla así. Frases cortas, y como en imágenes. Me gusta como habla.
Cuando abandoné la ciudad para irme de nuevo a Lisboa no me despedí de él. La noche anterior había besado a una chica con desgana. Tenía una mirada bonita, muy bonita. Su sonrisa se veía de un punto a otro de la sala. Luego la estuve evitando de la manera menos elegante posible, un cisne ahogado. Fue una salida con el mismo resultado de siempre: la soledad.
Años después escribí esto:
“Acabo de cazar una mosca. Posada en mi brazo, un vasto campo plagado de gruesas, oscuras fibras que se elevan hacia el exterior.
He adaptado mi tiempo, mis sentidos, a los suyos. Lentamente, intuyendo que no me ve, imaginando solamente la visión alucinada que de mi gigantesca mano, nave espacial flotante, tiene la mosca.
El oído se me ha afilado, he escuchado un avión allá arriba y lo he dejado pasar sin que me agite lo más mínimo. La respiración y el corazón han bajado de ritmo. Mis párpados han dejado abierta la franja estrictamente necesaria.
He cazado una mosca y mi cuerpo ha creído en la necesidad de la caza.
Aturdida, o fingiendo estarlo, la mosca ha tardado un instante en echar a volar tras yo abrir la palma bajo un cielo azul en Lisboa.”
Me di cuenta de que, de alguna manera, había sido Marcial el que había inspirado esta idea. Él siempre me habló de los tiempos biológicos, incluso cuando, mucho antes de conocernos, su persona me invadía, aun viviendo yo en casa de mi madre, y él hablaba por mí durante horas. Era entonces cuando yo, con él dentro de mí, los dos juntos en un solo cuerpo, mirábamos detenidamente las plantas que nos rodeaban, los increíbles penachos de algunos mosquitos, qué sé yo, las montañas nevadas allí a lo lejos, tan lejos y tan cerca. Me enseñaba a vivir ese tiempo que estaba dentro de mí pero que sistemáticamente olvidaba. Y los cisnes. Los cisnes que siempre fueron, para Marcial y para mí, el recuerdo de un tiempo en el que las cosas, el mundo, parecía estar más permeado de ilusión. ¡Inocencia!
11032024
Por la noche no hay colores
Se queda absorto mirando la espuma ir y venir.Acompaña al mar inflarse y desinflarse, con los pies ligeros, cuidando de no mojarse las zapatillas. Las olas se sacuden entre sí, no hay orden pero él detecta cierta armonía, quizás sea una falsa calma que lo engaña: está cansado y triste por la noche anterior, y su cuerpo todavía no ha eliminado todo el valium que tomó.
Sabe que se ha quedado solo; mira hacia atrás y ve la figura de la Cautela, en la zona de la playa que todavía está iluminada.
Mira hacia el otro lado, donde esas rocas que lo llaman se alzan metálicas. Allí está oscuro. A medida que se acerca, dos seres que regresan parecen bailar. Sabe quiénes son pero no qué papel están interpretando. ¿Serán dos amantes como dicen que fueron ayer? Un instante de duda; la vence, continúa el paso. Se abrazan los tres y emprenden la vuelta al coche. El calor le hace sentir ganas del baño. Lo dice, envalentonado. Pero rápidamente las ganas se enfrían, a medida que se acercan a la luz de las farolas. Algo inesperado ocurre: el más místico de los tres recoge el testigo, le da fuerza, lo materializa. Ellos dos primero, ella después, se zambullen en esas aguas violentas y con risas entrecortadas vuelven a la arena. La Cautela los espera en el coche y él se alegra de habérselo dejado abierto por error. Su silencio parece recriminar la impulsividad del baño. El aire y el tiempo se han llevado todo olor a otra parte. Queda cierta calma: los faros hurgando entre las ramas del bosque, los calzoncillos mojados y llenos de arena que colgarán durante semanas bajo la lluvia, junto a la bicicleta rota en un patio azul.
(13 de enero de 2024)
taxi
Te aviso, el datáfono está dando problemas. Me lo ha reventado esta gente...hmmm
¿cuánto a Usera?
no más de veinte pavos
ah, ok, tengo veinticinco [se arrepiente inmediatamente de decir que tiene cinco más]
De todos modos voy a probar.
¿Qué?
Nada, voy a ver si consigo pagarme a mí mismo.
¿Y?
Ha funcionado.
¿Cuánto te has pagado?
Cien pavos. Así no necesito trabajar, ja, cien pavitos y a casa.
¿Qué es ese ruido?
¿Lo que suena? Un coche
Ja, ja... (piensa: o es autista o un poco gilipollas). [conversación sobre la radio, 400 personas conectadas, apoyo total, el gremio, pedir la vez? zonas de madrid: no. Los intentos de adivinar son bastante fallidos.]
Oye, una última pregunta... esto que suena.. ¿es un coche en un túnel? (se anota un tanto, algo penoso)
[madrid, 9 de junio 2023]
pingo
Pensaba que iba a trabajar en mi tesis desde un bonito café lisboeta, antiguo y solemne, y me encuentro escribiendo en mi web otro texto más de esos que imagino que escribo de vez en cuando para quedarme tranquilo y fijar ideas. Son las ocho en punto de la tarde, hoy es 26 de abril de 2023 y el cielo empieza a oscurecer. Lo gracioso es que estoy en un pingo doce, donde me he pedido un galão. Es un fenómeno curioso (el del supermercado que ofrece ser cafetería también). A mi alrededor empieza a llegar gente para cenar. Solitarios todos. Me pregunto cuán intruso soy, aunque no es el pensamiento central que me ocupa. Fenómeno aeropuerto. (Louis C. K. se equivoca diciendo que en los aeropuertos no hay indigentes. Por lo menos se equivoca a nivel europeo.)¿Cómo se puede tener certeza de que algo que uno observa es una novedad, un signo de un cambio, y no sencillamente que se dirige la atención hacia un sitio ignorado previamente? Imagino que desde los 20 hasta los 35 más o menos uno observa las reglas del juego, y después uno puede permitirse decir si hay cambio o no, identificarlo pasivamente, o buscarlo y generarlo activamente. (Vaya chorrada sartresca acabo de soltar.)
En este sentido, pienso en esa aparente riqueza que veo aflorar a mi alrededor. Quizás es riqueza de detalles, pero se mezcla con una riqueza material, de consumo, de poder adquisitivo, de signos que me indican poder, experiencia, saber humano, capacidad de manipulación, etc.
Me respondo a mí mismo, porque son las dos cosas al mismo tiempo.
sobre la ciencia
Pienso en el cariño que le tengo a determinados físicos, biólogos, matemáticos o científicos con los que no he tenido ningún otro contacto que el que haya podido facilitarme la existencia de una obra, de un legado, si se quiere.Anoche, Laura me explicaba la diferencia entre filosofía continental y analítica y, creo, por primera vez entendí algo: la abstracción del pensamiento de Hegel es enorme; se mueve, realmente, en otro plano.
La conversación salta y deriva y vuelve a su lugar, que ya no es el mismo, pero ella, la conversación sí es la misma, y se me amontonan algunos sentimientos, uno de ellos toma forma: asia-europa-continental-abstracto-espiritual frente a américa-capitalista-concreto-útil-sigloveinte-filosofíaconvertidaenciencia, trato de postular esto y no es completo, no es del todo cierto, pero puede serlo. Pronto nos vamos a otra cosa. Laura me habla de Proclo, me lo dibuja como un ser oscuro, o quizás no un ser oscuro pero sí un ser rodeado de oscuridad, al fin y al cabo es del siglo cuarto después de cristo, o algo así, cómo no va a ser un ser oscuro si tan poco puede saberse. Además, dice que le interesa a cuatro gatos. No utiliza esa expresión porque en portugués no debe de existir, o sí, pero el caso es que no utiliza esa expresión. Me viene inmediatamente Asher Peres a la mente y le pregunto si ella siente cariño por Proclo. Tuerce un poco el gesto, yo me quedo sorprendido. ¿Cómo no sentir cariño hacia uno de tus pensadores favoritos?
Insisto: y, ¿a Hegel no le tienes cariño?
Duda, concede un poco, pero no parece convencida.
Entonces me doy cuenta de algo importante, o que creo que puede serlo, y es que en física hay una absoluta inocencia de base (cuando se hace ciencia de verdad, honesta, no politizada, etc.) que no existe en filosofía. En filosofía se trata de cambiar el mundo, ya sea a futuro, o a través de la convicción de que lo que uno posee es una verdad.
La ciencia observa, se sorprende, es un niño.
soldaditos
Está solo y seguramente esté sudando. Lo imagina mirando por la ventana las estrellas con las pupilas dilatadas. ¿Delirando? Prefiere pensar que no. Le han dicho esta mañana que se está muriendo. Por teléfono, claro. Le ha llamado un doctor. Una llamada que parece de larga distancia y que tan solo ha cubierto un par de kilómetros. Se ha olvidado de su nombre. El ruido de fondo era muy molesto. El doctor le ha dicho: buenos días su padre está en estado crítico y no esperamos que sea capaz de superar la neumonía en las próximas 24-48 horas le hemos administrado una dosis baja de morfina una dosis aún no letal claro ya sabe usted y se encuentra tranquilo recibirá en su correo electrónico el informe completo en las próximas horas lo siento mucho recuerde que tiene a su disposición a profesionales que pueden ayudarle a usted y a su familia con la difícil situación que están viviendo le llamaré de nuevo cuando haya más noticias buenos días digo noches.Se lo vuelve a imaginar. Ya han pasado diez horas desde la llamada de esta mañana, o de anoche. Son las ocho y el cielo se resiste a oscurecer (¿o clarea?). Piensa en los atardeceres infinitos del verano polaco y eso lo calma un poco. Aunque en realidad está fraguando un plan sin darse ni cuenta, y tranquilo, lo que se dice, tranquilo, no está, por mucho cielo y nubes y recuerdos, claro, su padre se está muriendo, se va a morir, y no va a haber nadie a su lado porque el virus que lo va a matar también ha matado cualquier posibilidad de acompañar al infectado, medidas sociales, demostración implacable de que la estadística va contra el individuo, conjuntos de medida cero y esas cosas, piensa brevemente, y su estúpido ego se sonríe momentáneamente por el hallazgo de un paralelismo entre sociología y cosas Lebesguianas. Lo que impide que se levante inmediatamente de su incómodo taburete de pensar es un detalle último: necesita un objeto. Piensa que en realidad cualquier cosa sirve. Se alegra al darse cuenta de que cualquier cosa sirve, porque puede pasar a la acción. Elige llevar un diminuto soldadito de plástico. Un napoleónico con una rodilla hincada en un suelo mínimo, en posición de disparo. Qué más da si lo que sostiene es un fusil o un aspirador de balas ajenas. Abre deprisa el armario y busca y encuentra la bata blanca. Es un poco más pequeña de lo que la recordaba. Se la pone y se mira al espejo. Bien. Necesita guantes, mascarilla y unos zuecos de esos de goma que últimamente están de moda, más allá de profesionales, escaladores, y agentes de la CIA que trabajan con o contra el narcotráfico en Juárez. Piensa que el calzado es fundamental. Aunque nadie mire directamente a los pies, ahí se concentra una información crucial, que puede hacer salir de dudas sobre la veracidad de tu identidad a cualquiera que te cruces en el hospital, piensa, o dice en voz alta, no lo sé.
Se ha metido el soldadito en el bolsillo y ha vuelto a mirar por la ventana. Oscurece. No se ve ni media estrella porque está nublado.
Ha bajado al garaje. El piloto le avisa de que ha entrado en reserva. Se lanza a las calles desiertas en su bólido blanco.
Madrid, confinamiento de 2020
kike
¡vamos, culo gordo!¿las has visto?
estaba pendiente de un hilo, tío, pendiente de un hilo.
bueno, si tú la viste en verano.
tiene más dientes que yo la cabrona, pero come albóndigas de esas de un euro y pico la lata, de pollo, no de ternera, de pollo.
yo bien ahí tirando.
se nos va y nos da el yuyu... a todos.
dile a tu mujer o a tu novia o lo que sea que está bien, lo bien que está.
¡arrea, pesá!
tiempo
Recuerdo el momento en que recibí la noticia de que por fin habían conseguido colgar el reloj en casa de mis tíos.Llevaban años, de los nuestros, de los de fuera, con dificultades de orden técnico. Resulta que la estructura del reloj, que había hecho un artista del siglo pasado, un relojero con el pelo siempre alborotado, excéntrico pero discreto, estaba pensada para techo de granito, y lo que ellos tenían era un pladur. Hubo pues que ingeniárselas para que el pesado instrumento pudiera colgar de la débil estructura sin desprenderse y, con él, un cacho de techo, seguramente.
Cuando por fin lo colgaron, y mandaron una foto realizada en casi ese exacto momento, salté de mi silla: por fin las cosas iban a ir en sincronía.
El tiempo, en casa de mis tíos, se había tomado ciertas licencias a lo largo de los años. Sutiles al principio, más notorias a medida que iba ganando confianza en que, en efecto, no parecía tenerse intención de tomársele el pulso en esa casa. De contar las horas, de asumir, como en casi la totalidad de las casas de la ciudad, que todo tiene que ir hacia adelante.
Su discurrir había comenzado a mostrar saltos, “no linearidades”, por puro gozo, modesto ensayo de libertad. De pronto, se desayunaba dos veces. Otro día, la radio se repetía durante minutos, como un disco rayado.
El tiempo fue seleccionando sus momentos favoritos de la cotidianidad de la casa, y repitiéndolos, a veces durante horas y, otras, durante días enteros. Días enteros en los que a los demás nos entraba el pavor de que aquello fuera a repetirse para siempre, si bien tarde o temprano el bucle terminaba: un gesto de mi tío cuando prueba qué tal le ha quedado el pollo al horno, repetido una, dos, tres, tres mil veces; un beso lanzado de un lado a otro del pasillo; mi tía dando una caricia en la calva concentrada de mi tío, que no se da cuenta del todo porque está trabajando.
Intencionada selección la del tiempo, porque podría también haberse quedado con el mal gesto, el enfado, la separación de mis tíos en alas opuestas de la casa.
Francamente, esto fue de agradecer para los que, como yo, los visitábamos con cierta asiduidad.
El tiempo, en una casa ajena, no puede ser intervenido, y por eso fue en vano que yo intentara instalarles un reloj, cuando comencé a intuir lo que estaba ocurriendo (cosa que me llevó tiempo). Hasta que ellos no lo instalaran, el reloj, digo, el tiempo seguiría haciendo de las suyas.
Cuando supe que por fin lo habían colgado por sí mismos, sentí una enorme alegría por el retorno de lo normal, de lo conocido. Aunque confieso que las jugarretas de ese ser impalpable al que le gustaba mirar y repetir lo bonito de la vida, de un amor, siempre me hacen sonreir.
Valdecabañas
Localizamos la mente, normalmente, en la cabeza. El otro día me di cuenta de que las manos son mente también, en un grado en que no había reparado. Hay dos formas de tocar: sintiendo en la mano y sintiendo en el objeto tocado. La segunda modalidad es la que estoy empezando a descubrir y la que, quizás, “desmentaliza” más a las manos. Es decir, es el uso el que define qué es la mano. Lejos de querer llegar a una teoría utilitarista del cuerpo, creo que no queda más remedio que reconocer que la mano es una entidad muy compleja y que, en función del uso que le demos, es una cosa u otra. Un mecanismo que abre un canal hacia dentro de nosotros, que obtiene información del exterior, como una sonda que se manda al espacio, o bien un utensilio que puede abrir una puerta a sentir el objeto tocado en sí mismo, sin juicio, sin análisis, sin la necesidad de recopilar información.Tocarse a uno mismo, alternando entre estas dos modalidades, a voluntad, es un ejercicio interesante. Tocarse no en un sentido sexual, al menos no necesariamente. Es una línea sutil, supongo, al menos de momento.
La idea de familia, de intimidad, la búsqueda de ese algo que pueda poner fin a esa sensación de soledad radical a la que todos estamos expuestos, es recurrente en estos días.
Se están abriendo compuertas cuya existencia ignoraba. Pasado y futuro se mezclan en mí, en un baile que no me agita, sino que me mece como si estuviera en una cuna. Los cambios pequeños en los días, las obsesiones que se diluyen poco a poco, y que son reemplazadas por cierta calma, sin melancolía. El darse cuenta de que el dolor no es definitivo, aún cuando hubo momentos en que parecía así.
La alegre aceptación de lo real, dijo alguien un día remoto que existe hoy tanto como existió ayer.
Lentejas
Hoy he cocinado tantas lentejas que no sabía qué hacer con ellas. Me ha llevado a darme cuenta de por qué, quizás, es tanta la gente que piensa que la física es muy difícil.Cuando me preguntan qué hago (y es una de las primeras preguntas que recibimos cuando conocemos a alguien, lo cual es un poco invasivo, realmente; sobre todo cuando se formula en la americanizada forma de “a qué te dedicas”), suelo sentir un poco de pereza y reparo al decir que soy físico. Porque sé que lo que sigue es, normalmente, una especie de cambio en la otra persona, que se incia con un abrir los ojos mucho, y que automáticamente genera cierto respeto intelectual, injustificado, creo, y eso he argumentado hoy de una manera que, como suele pasarme, me sale de la boca y me sorprende a mí mismo, porque presiento que hay algo de verdad en lo que digo pero no tengo ni idea de cuándo ni cómo he llegado a esa conclusión que, en el momento de enunciarla, completamente improvisada, parece tener una gran reflexión detrás.
Las lentejas. He hecho tantas y me sentía tan solo en este día lluvioso y frío (no tengo potencia eléctrica suficiente para calentar mi piso, según parece, y me niego a pagar más dinero a la compañía eléctrica, malditos ladrones), que he escrito un whatsapp a mi vecina explicándole la situación (de las lentejas, no del frío de mi piso) y ofreciéndole una cena. He pensado: a mí me gustaría que me dieran unas lentejitas con tan buena pinta como estas, por la cara. Me ha dicho que sí y he esperado treinta segundos a que quitara todos los cerrojos de su puerta, lentejas en mano. Hemos aprovechado para conversar un poco. O he aprovechado yo, que llevaba todo el día sin interacción humana y que me he ido al supermercado solamente para ver personas hacer cosas, más allá del desagradable y moralista documental sobre la caza de Osama Bin Laden que me he tragado, a trozos, a lo largo de las más de dos comidas que he hecho en el día por puro aburrimiento. En fin. Le he preguntado qué se puede hacer en Usera, qué hay interesante por aquí, más allá de algunos bares divertidos con billares y mucho ajetreo comercial durante el día. Me ha hablado de un sitio “de chinos”, aunque no sonaba muy convencida. Me ha dicho que es un lugar un poco raro, pero que puede ser interesante. “Budista, o alguna religión de esas”. Le he dicho: bueno, a mí no me importaría tratar de aprender chino. Me ha dicho: el chino es muy difícil, pero para ti que eres físico seguro que no tanto.
Me he parado a pensar un segundo en esto, obviamente falso, y he tratado de defender que la física no es difícil. Normalmente me quedo en la mera exposición de que yo mismo nunca he sido un estudiante modelo, casi nunca hacía las tareas, creo que no me esforzaba demasiado. Con esto, normalmente, pretendo dar a entender que la física no es difícil: si un mal estudiante acaba haciendo un doctorado en física, no será tan complicado, pero supongo que como argumento es un poco pobre.
Hoy he hilado un pelín más, gracias a las lentejas, y he pensado: la física resulta difícil para la mayoría porque enseñar física es difícil. Es raro encontrar un buen profesor de física. Y, ¿por qué? Bueno, la física es, tristemente, muy poco narrativa en el colegio. Los que acaban interesándose por ella suelen ser personas con pocas habilidades comunicativas y sociales. Esto es así: en física no se premia, normalmente, la comprensión profunda, sino la capacidad de resolución rápida y efectiva de un problema. Muchos estudiantes no aprenden a hilar narrativamente los saltos que conectan las diferentes ecuaciones, las simplificaciones, los ajustes que llevan a la solución. El resultado es una sobreabundancia de físicos (y por ende de profesores de física) que no saben hablar, que no saben comunicar. Mi experiencia es que siempre existe una manera de que el alumno entienda lo que está pasando; siempre se puede lograr que se pierda el respeto a la abstracción matemática y se logre un entendimiento más intuitivo, más mundano, más “de a pie”. La mayor parte de la gente no tiene la suerte de tener un profesor con esa capacidad (yo sí la tuve), por lo que acaban asociando la física a algo muy oscuro y extraño, a algo muy difícil.
Relamente, la física a la que se expone a la gente en el instituto no es más compleja que la historia o que la sintaxis. Todo, en realidad, puede ser extremadamente complejo si se piensa realmente en la naturaleza de lo que se estudia, si se plantea uno cuestiones “fundamentales” (qué es la vida, qué es la historia, qué es la verdad, la justicia, el arte), pero no es el caso de lo que se enseña en secundaria (al menos, que yo recuerde).
Faltan buenos profesores de física, y debe premiarse más, desde el mundo académico, a aquellos que quieran ser, sencillamente, profesores, no investigadores punteros de la tecnología cuántica de moda.
(17/11/22)
Olson
Herminio piensa que Dios pone orden al final, sobre todo lo que ocurre en la Tierra. Supongo que se refiere a la justicia. Si tuviera olfato, Herminio apestaría a alcohol.Estamos en el aparcamiento de un Food 4 Less, en Paso Robles, y mis pantalones están manchados de la sangre oscura de Herminio. La señora que se ha llevado por delante a Herminio y su bicicleta está agobiada. La policía aparece bastante rápido. Deberían hablar español estos policías jovencísimos.
Herminio viene de Chiapas. Herminio Abel viene de Chiapas, México. Me esfuerzo en traducir lo que dice Herminio, su narración que superpone presente, pasado y futuro. Al agente no le importa mucho la enorme y torpe poética de este anónimo pobre diablo, nacido el 10 de febrero de 1960.
Enderezo la rueda torcida, pruebo los frenos. La bici está mejor que el coche y eso me pone contento. Nos vamos. Atravesamos la llanura. Primero campos inmensos de manzanos. Luego máquinas de extracción de petróleo.
Ascensor
He vuelto a regalar libros.Puedo decir que estoy volviendo a escribir.
De otra manera,
con dos pulgares en lugar de con la muñeca.
Escribo y reviso y releo y creo que entiendo lo que escribo.
Voy equipado con un cazamariposas de la infancia.
Ligero, verde.
Me paseo por los recuerdos.
Atrapo una imagen, me escondo entre las ramas de un árbol.
Y espero.
Espero durante minutos larguísimos.
El cuerpo tenso.
(Un ascensor parado entre dos pisos. Siempre vuelvo a él.)
Estoy volviendo a escribir y a regalar libros.
Porque me gusta verte leer
sentada, acurrucada, a contraluz, en una casa que voy haciendo mía,
que gira y gira y gira
contigo dentro
conmigo pensando en ti.
A tres amigos y al agua del mar (15/11/22)
Nevada, US
Te echo de menos.Ayer te silbé subiendo la cuesta.
Apareciste, un galope eufórico.
Me ladraste y te entendí.
Me hiciste un placaje y me dejaste todo lleno de barro.
Manchas felices las tuyas.
Cabra del sur. Loco de las nieves.
¿Te acuerdas de cuando volábamos juntos, cuesta abajo, abrazados?
No, claro que no te acuerdas.
Te enseñé los conejos y te dije que quizás podían ser tus amigos.
No me entendiste.
Te echo de menos.
Amigo, reencarnación del otro.
Del que dejó su huella en el césped tierno, antes de que una abeja de plástico le clavara el aguijón.
A ti, que duermes, estas palabras nocturnas.
(15/11/2022)
McAuto
Tantos pensamientos nuevos que se me escapan. Qué quietud fea no poder atraparlo todo, qué olvido de pecera.Un retrato enmarcado, de un actor famosísimo, el que hace de vampiro, en una cocina anónima de una ciudad batida por las olas, que rompen a unos kilómetros, mar adentro, y que nunca la tocan, pero que sí la tocan, dentro y fuera.
Muy lejos, al otro lado del otro lado: gente que vive en Los Sims, que ha nacido en Los Sims, que no sabe que vive en Los Sims, gente que no sabe que sus hijos vivirán en Los Sims 2; y así sucesivamente. Perros robotizados y una calma opresiva. Paseos que no son paseos sino repeticiones de modelos de paseos, optimizaciones de un concepto, hasta alcanzar la perfecta ejecución de la idea. Árboles de raíces imposibles, ardillas que mecen sus colas y que te aceptan cacahuetes, nueces, almendras; algunas, las más experimentadas, con delicadísima educación y respeto por la mano que las alimenta, esa forma rara y sin apenas pelo, que pesa más que ellas, y que se les aproxima desde lo alto como una especie de divinidad con olor a tabaco. Cogen con cuidado el fruto con la boca y vuelven a una posición de resguardo para disfrutarlo.
Libertad no dada a todos es reescribir un sentido completamente. El olfato: decidir, como adulto, qué olores quiere uno sentir como buenos, cuáles es preferible descartar. Decisiones tomadas con la ayuda y el consejo de ciertos conocimientos asociados a experiencias adultas, que puedan favorecer un cierto tipo de consumo un poco más acorde a una sencillez de aparente obligado cumplimiento en un círculo determinado. (Y si no se entiende este galimatías, quizás mejor.)
El descubrimiento del mundo olfativo tiene lugar en el desarrollo temprano. Se va enriqueciendo a lo largo de la vida, pero los malos olores se aprenden e interiorizan rápido. No es habitual ni natural tener la oportunidad de acceder de nuevo a este proceso de aprendizaje, retomarlo, pero esta vez desde una posición “aventajada”, capaz de imponer sus propios juicios de valor.
Libertad no dada a todos. Comida que no es comida. Comida que defiende unos valores que en parecen estar ausentes en su propio procesamiento. Comida que requiere tantos pasos en su elaboración como el montaje del telescopio Webb. Ingredientes “básicos” que tienen años de investigación detrás, todo para imitar formas que pueden darse más fácilmente, si hacemos uso de animales. Comida del futuro para aquellos que pueden permitírsela. Compromiso con la naturaleza a través de una alimentación con ingeniería de décadas. Rechazo de lo químico, desconocimiento de lo químico.
Estadísticas mal comparadas, grupos mal escogidos, incongruencias.
Compromiso parcial, recorte de la libertad propia, por miedo. Decisión de permanecer en un redil privilegiado, consumiendo como un privilegiado. Todo lo que vaya más allá de ese redil es de imposible acceso, porque nos hemos puesto unas reglas a nosotros mismos que automáticamente cancelan ese más allá: ahí no podemos subsistir porque ahí no se cumple nuestro credo. Lectores de ingredientes en el etiquetado. Lectores de whatsapps. Lectores diagonales de noticias redactadas por lectores diagonales de whatsapps redactados por personas que están leyendo los ingredientes de un yogur vegano con sabor a vanilla.
Órganos artificiales. Imprimirse un corazón y hacerse un transplante en casa, con una especie de Thermomix para medicina y cirugía.
Hamburguesas que sangran jugo de remolacha.
1 y 2-11-22 Ocn Prk Blvd, LA
Don’t you
Forget about me2221 Ocean Park Blvd, 19 octubre 2022
Trá Lí
Mi falta de memoria ostiene engañados a
todos os tiene
engañados
a
todos
Hace horas que vi un iceberg
Antes de que llegara la palabra
iceberg
el español no tenía ni idea
de lo que era un iceberg
que el hielo flote es una casualidad
que favorece la vida
Si el hielo no flotara
que el hielo no flotara
sería una casualidad
que favorecería la vida
La realidad siempre favorece a la realidad
Hace horas que sobrevolé
bueno, yo no
Yo pienso en ti más de lo que querría
Aunque no querría compartir
asiento en ese avión
que ya ha aterrizado y que ya
vuela otros vuelos.
2221 Ocean Park Blvd, 19 octubre 2022
Otro orden
Tengo ganas del invierno para salir a la calle si hace falta a comprar la fruta si hay que soprender a alguien con un buen desayuno en invierno fruta de la huerta plastificada y manos agrietadas por el sol recoger un mango maduro para hoy sí señor y patinetes eléctricos por carreteras mal iluminadas o no iluminadas en absoluto salir a la calle a por un mango supreme en mi pijama de invierno cómodamente al alcance de mi mano suave por aplicaciones sucesivas de crema hidratante tantas que he perdido la cuenta sin grietas sin patinetes sin muertes en carrera que inflen estadísticas ignoradas con este nuevo pijama de invierno las noches siguen siendo largas por mucho que intente dormir leyendo a hegel por mucho que tome melatoninas de diferentes calidades y todas de nombre sugerente como onyria y que dan bostezos pero no pasan de ahí son tantas las voces que se suman al escándalo del camión de la basura que cuesta distinguir aquella que intenta alzarse: la de un sincero canto a una verdad olvidada<//||||||> un
<//||||||> pijama de invierno
<//||||||> con
<//||||||> un poco
<//||||||> de elastane para poder
<//||||||> vagar por la horizontal
031022
Dumbo
Es posible que una avioneta esté sobrevolando el estadio. Dentro se juega algún deporte. Un deporte no particularmente ruidoso. El estadio está en una zona seca a las afueras de una ciudad. Es una zona tranquila, especialmente a esta hora en la que el sol se está poniendo tras las montañas. El contraste entre la actividad de dentro del estadio –un partido de tenis, quizás– y el vuelo de los vencejos, entre las luces artificiales que empiezan a dominar a medida que el ocaso avanza y la tímida luna que asoma al otro lado de la meseta, el contraste entre las cosas del hombre y las que no son suyas, deja de tener importancia.Hay una gasolinera no muy lejos del estadio. A esta hora del domingo no hay mucho movimiento. En la gasolinera escuchan por la radio el partido de tenis que tiene lugar a escasos metros en el estadio.
He parado en esta gasolinera. Ayer por la mañana pedí prestado un coche a un familiar. Es un Volvo de los ochenta. Nada mal. Tiene un color mostaza desconchado. Necesito llenar el depósito porque me espera un viaje largo. Cuando entro a pagar, los empleados que escuchan por la radio el partido de tenis que tiene lugar a escasos metros de allí me dan envidia. Puedo sentir su calma. La entiendo, pero no es mía. Soy impermeable. Al salir, me fijo en una máquina de agua embotellada de la marca Dumbo. No conocía esa marca.
Ya es de noche y conduzco por una carretera de doble sentido con un asfalto bastante bueno. He puesto en el GPS una chincheta un poco al azar, aunque no del todo al azar. El partido está a punto de terminar. Es un último set que está siendo trepidante. Pienso en las familias que saldrán del estadio sonrientes y agotadas de la tensión mantenida durante horas. El espectador también se cansa. El padre sacará las llaves del bolsillo de la americana y abrirá el coche desde lejos. Los niños se adelantarán corriendo y saltarán adentro del coche. Sonrío un poco y pienso en lo que me espera cuando llegue.
Apago la radio. El partido ha terminado y mi humor empieza a nublarse. Es difícil de contener. (Y también de predecir; me pregunto si existirán pronósticos del tiempo cerebral en el futuro, con presentadores indicando borrascas sobre las distintas regiones sentimentales y todo eso.) Me voy hundiendo cada vez más en mí a medida que me alejo de la ciudad. Los árboles raquíticos iluminados por los faros se me hacen hostiles.
Ya he llegado, pero no me muevo del asiento. Es absurdo, porque tengo que bajarme. Cuánto más tarde, peor.
Abro el maletero y saco el cuerpo. Me siento en una película: el Volvo de los ochenta, el cuerpo en el maletero, la pala oxidada. ¿Acaso no decían que la realidad supera a la ficción? No siento nada. Es curioso: pensé que sería horrible. Pienso en Expediente X, en las relaciones que se construyen poco a poco. Pienso en tener hijos. Pienso en lo que no tengo y en lo que creo querer. En mi mirada perdida de la foto de mi primer pasaporte, que me hice en 2001 para poder viajar a Estados Unidos un verano. No sé quién he sido, ni si tiene sentido que ahora mismo esté enterrando un cuerpo que muy pronto encontrarán. Pienso que siempre quise volar una avioneta. Me siento en el suelo frío y pienso en que sobrevuelo África. Un vuelo nocturno.
Zurdo
(Recuerdo cuando mi hermano decidió, siendo diestro, no usar su brazo derecho en veinticuatro horas. Decía que había que prepararse para el hipotético caso de que le fuera amputada una extremidad y, ya puestos, que le fuera amputado el brazo derecho, el bueno, precisamente. Nosotros no entendíamos muy bien a qué se refería con “prepararse”, pero estábamos bastante acostumbrados ya a estos juegos suyos. Pasadas las 24 horas, debió de darle rabia someter sus propias reglas a las del universo, porque nos dijo que iba a continuar con su ensayo unas once horas, siete minutos y “algún” segundo. Con ello, pretendía sustraerse a la organización del tiempo en 60 × 60 × 60 (etc) y, adicionalmente, introducir un factor de libre albedrío –“algún”– porque, un día me confesó, lo que más lo aterraba era el saberse máquina, es decir, que la libertad fuera una ilusión producto de la enorme complejidad del mundo real, pero una ilusión al fin y al cabo. En cualquier caso: pocos meses después perdió las cuatro extremidades, en un intento desesperado del cirujano jefe del Hospital Clínico por salvarle la vida tras un accidente de tráfico en el que todos sus acompañantes, amigos suyos (de mi hermano, no del cirujano jefe del Hospital Clínico), murieron en el acto, y que ocurrió en la madrugada de la Noche de Reyes de 1994. Yo, que según parece nací unos segundos antes que él, cosa que en el mundo de los gemelos no está demasiado bien vista, no pude contener al demonio que llevo dentro y, tras su recuperación, le recordé el episodio, preguntándole si creía que le había servido de algo aprender a ser zurdo. Tras su amoratada sonrisa, vi perfectamente su deseo de hacerme un corte de mangas. Obedientes, sus miembros fantasma trazaron el insultante gesto en el aire y cayeron de nuevo sobre la manta, inánimes.)Jefe
Cómo la orden del jefe al subalterno, orden comprimida, sintética, se expande cuando el subalterno la aplica y explica a sus correspondientes subalternos. El ejemplo perfecto es el militar. Un buen jefe confía en su subalterno, porque sabe que conoce los detalles; sabe que si le dice, hay que hacer X, el sub alterno tomará sus propias decisiones para conseguir hacer X, que pasan por ordenar a sus correspondientes sub alternos realizar las tareas x1, x2, etc. Es bonito, porque son cadenas de confianza a las que se añade un aspecto creativo dentro de un marco muy lógico e “industrial”, en el sentido de que se buscan cosas concretas siempre, resultados, etc. Hay belleza en ello.Qué frío
Me dijo que siempre le había admirado la gente que sabía sujetar el teléfono con el hombro. Hoy apenas se ve. Me dijo que su admiración hacia las personas que sabían sujetar el teléfono con el hombro, creía, le venía de ver a su madre tender la ropa mientras hablaba con su madre, su abuela, y que la naturalidad con la que tendía la ropa mientras hablaba con su madre, y la facilidad con la que cambiaba el teléfono de un hombro a otro en función de lo que necesitase hacer en ese momento, el sol entrando por la ventana de aquella torre altísima, todo eso, me dijo, creía, había causado su admiración hacia la gente que podía sujetar el teléfono con el hombro.Me contó todo esto con una sonrisa, al otro lado, y sólo entonces me di cuenta de que él mismo estaba sujetando el teléfono con el hombro en ese momento.
En otra ocasión, después, me contó que el primer día que pudo sujetar el teléfono con el hombro fue un día cualquiera, nada especial, y que no se percató de que estaba sujetando el aparato con el hombro hasta pasado un rato. Ni siquiera se acuerda de si era un día con sol, o si hacía frío. Me contó también que hay animales que sueñan que vuelan y que un buen día vuelan, y que hay cosas que son muy simples y muy misteriosas, y muy bellas. Recuerdo que usó esa palabra, “bellas”, y que me gustó oírla a través del teléfono.
Otros días apenas hablamos de nada y finalmente un día ya no hablamos de nada. Aunque yo sé que él quería contarme muchas cosas de fuera, de cuando se daba paseos y miraba los árboles. Y también de dentro, de cuando el miedo no lo dejaba dormir por las noches porque su compañero había amanecido degollado en la litera de abajo y el olor a la sangre se había quedado como pegado a su epitelio, y de lo raro que era el hecho de que podamos percibir olores con tanta precisión, de que sepamos que huele a sangre y no a lejía y de que el suelo siga oliendo a sangre tras haberla limpiado con lejía dos, tres, cuatro, cinco, seis veces.
Tengo sus fotos. Cuando me las dio, me dijo que ésas eran, sus fotos, aclaró, y yo asentí y él no dijo nada durante un rato. No me parecieron ni buenas ni malas. Se había tomado la molestia de imprimirlas y de anotar la fecha y el lugar por la parte de atrás, con un permanente de esos baratos que no son tan permanentes porque se corren un poco, sobre todo si eres impaciente y no esperas unos segundos. Luego me dijo, después de ya un rato sin decirme nada, que hay que escribir y dejarse de pamplinas, o no escribir y dejarse de pamplinas. No entendí en ese momento. No creo que hablase de escribir por detrás de las fotos; sería un poco chorrada. No pude despedirme de él porque tuve que venir de vuelta por una urgencia familiar. Así se lo dije a él, a través de una nota que le hice llegar. Qué frío.
Me lo imagino sentado en mitad de la noche, en mitad de la noche que no es un sitio, en mitad mirando hacia arriba y.
Is Ahab, Ahab?
Is Ahab, Ahab? Is it I, God, or who, that lifts this arm?El carácter ruso
Hoy he venido a comer a casa de mi madre. Tras terminar, hemos hablado del carácter ruso. No sé por qué ahora mismo. Me ha sobrevenido uno de esos estados de lúcida elocuencia, en el que me he aproximado a algo que creo que es verdadero, y que apunto aquí. La idea central es que intuyo cierta nobleza de fondo en el corazón ruso, cierta “bondad”. El marco es ese comportamiento tan ostentoso y de genuino despilfarro que caracteriza al (nuevo) rico ruso, pero que lo diferencia del (nuevo) rico español, por poner un ejemplo cercano. Creo que en el núcleo de ese gusto por el despilfarro, por la velocidad, por el lujo, por la droga y el desenfreno, tan genuinamente ruso, se encuentra un afán autodestructivo, una violencia para con uno mismo. Esta violencia, que también late en países simultáneamente oscuros y vitales como México, está dirigida contra uno mismo, no contra el prójimo. Y es ahí donde yo encuentro cierta nobleza, en dirigir el grito desgarrado y existencial contra uno mismo, y no contra el que tienes al lado. En la autodestrucción hay cierta bondad, hay cierto sacrificio. Es muy posible que estas ideas sean una especie de cristianismo trasnochado, lo cual tampoco deja de encajar con la comparativa entre los primitivismos latinoamericanos y rusos, ya que la espiritualidad de los primeros fue (y sigue siendo en gran medida) de orden mágico antes que religiosa, mientras que Rusia, creo, ha sido “siempre” paradigma del cristianismo ortodoxo. En fin, hay que repasar estas ideas, e informarse un poco más.Madrid, 22 de abril de 2021.
Quiénes somos
Dicen que van a caer cráteres. No sé muy bien a qué se refieren. No dejan de repetirlo: “van a caer cráteres, hay que estar preparados”. Y hay como una especie de crescendo en la ciudad. Pero es un crescendo como acompasado, parece preparado, ensayado; quizás por eso se me ocurre llamarlo crescendo y no agitación. Cada vez se parece más a un videoclip en plan mega-producción en el que de alguna manera soy el único que no es figurante contratado. ¿Acaso seré el protagonista? Nunca he sido conspiranoico, pero esto pinta mal. Pinta raro de narices. ¿Qué es eso de que van a caer cráteres? Los cráteres no pueden caerse. Los cráteres se hacen porque otra cosa cae. ¿Se refieren a que van a llover meteoritos? Pues vaya forma de expresarse. Me voy a dormir, que les den a esos locutores de voces imposibles.Me acabo de despertar; miro el reloj: las 06:58. Todavía no ha amanecido. He soñado que caían cráteres. La luna se desconchaba. Dejaba al descubierto una superficie sanguinolenta y brillante. Es curioso, porque el brillo de la carne al vivo de la luna recordaba al brillo del agua iluminada por la luz de la luna. Paradójico, aunque tampoco tanto para ser un sueño. Me vuelvo a la cama.
Sigue sin amanecer. Son las 10:11. No han cambiado la hora, ¿no? Llamo a mi novia para comprobar si tampoco ha amanecido para ella; no me responde. (Sé que en la misma ciudad no puede amanecer para una sola persona, pero necesito compartir con alguien esto. Mal de muchos consuelo de tontos, supongo.)
He llamado a más gente. Nadie lo coge.
Me asomo a la ventana. La luna está ahí. ¿Hay algo raro en ella? Me entra el canguelo. Me pongo las gafas. La luna está al rojo, sangra. Me llega su quejido. Una roca colosal de mil millones de años. El primer cráter impacta en mi patio.
Lisboa, 5 diciembre 2017
Dark matter
De las pocas discusiones a través de comentarios en internet en las que me he metido, una fue bastante reciente, sobre materia oscura. Espera, que tengo la música puesta y realmente no puedo concentrarme en escribir con música. Nunca he sido capaz de leer con música. O prestaba atención a una cosa, o a la otra. Porque me absorben las dos actividades. No he quitado la música, pero si escribo en tiempo real sobre lo que está pasando, como un mini Ulises, no es tan difícil. Es que se ha puesto interesante, una voz femenina. El fondo es un poco bombo a negra facilón, pero bueno, da igual. Hay gente que lee con música. Mi padre. Luego dice que la música le recuerda a esa lectura específica. Me parece curioso. Seguro que hay experimentos de esos que se hacían en los sesenta. Del tipo de: cuenta hasta 60 segundos mientras lees este texto y cuando llegues a 60 para de leer y explícame lo que has leído. Y la gran mayoría de gente no puede, porque ha estado “diciendo” con su cerebro: “uno”, “dos”, “tres”, etcétera y eso, al parecer, entra en conflicto con leer y comprender lo leído, porque el trozo de cerebro correspondiente al lenguaje está en uso. Pero hay gente que cuenta viendo los números, cuenta visualmente, viendo un 1, un 2, un 3, y esos podían explicar perfectamente lo que habían leído. A mí casi todo me genera imágenes: la música, un texto. ¿Tengo un solo trozo de cerebro y es todo visual? Lo dudo. Yo cuento como casi todo el mundo.Me gusta prestar atención plena. Es una manía que tengo. No me gusta perderme cosas. Igual es por eso que me cuesta escuchar música y leer a la vez, porque siento que hay una pérdida por los dos lados. Pero:
Dark matter. Hoy le he dicho a una amiga mientras paseábamos por una soleada calle de Berlín que han hecho un avance en la comprensión de la relatividad general. Lo he leído en una noticia de una revista medio divulgativa de física. No es realmente un avance en la comprensión. Es una confirmación de que la solución de Kerr es estable. Que, matemáticamente, los agujeros negros son estables. Antes, anoche, le conté un poco lo que es la materia oscura. Tiene un tatuaje en el brazo que dice dark matter. Hay dos opciones: o la relatividad general está mal y predice demasiada masa, o la materia oscura existe. Las dos han sido exploradas, y siguen siéndolo. La relatividad es una teoría tremendamente robusta. Es difícil de corregir sin perder algo esencial en el camino. Si fuese una persona, sería el tipo de persona de la cual no querrías separarte jamás, aun sabiendo que nunca podrás acceder a sus profundidades más profundas, que siempre habrá un cierto misterio de un algo no tangible, no explicado. Bueno, eso siempre es así, en realidad, con todo el mundo. (Todos hablamos aproximadamente de los mismos temas, al final del día, por eso es bonita y sencilla la existencia humana, cuando tenemos la valentía de querer ver ese elemento común y, francamente, nada elevado, no sé si me explico. Otro día me explayo más. Ahora tengo como una tos que me atormenta un poco.). Es poco probable que la teoría esté mal. Es más probable que la materia oscura exista, y que acabemos por encontrarla. Ella también cree que existe, a su manera, la materia oscura.
El problema es que, cuando se descubra qué demonios es, dejará de llamarse materia oscura. ¿No? O qué.
Un Kylie Minogue de distancia no basta. Tengo tos y hoy he soñado y ayer soñé y mañana soñaré con bicicletas voladoras y con sonidos que me recuerden lo que ya no está, lo que se desvanece mientras mi mano derecha se va curando.
Sanderstraße, 20, Berlín, 6-8-22
otro texto para revisar, mañana
Escribir en posición de rezar. Tocarse un tobillo. No saber rezar. Pedir a gritos ayuda, un sanatorio, una comida caliente. Pedir a gritos un hijo, una madre. No sólo hay muerte y destrucción. También hay partidas de billar no jugadas. Intenciones del cuerpo. Ganas enormes de bailar. Bailar y qué más da que sea solo en este espacio blanco donde el viento todo lo levanta. Invasiones de color azul, todo de color azul, dentro de ti. Y el agua puede arder en llamas. Y el silencio que queda nunca nunca nunca dejará de doler, pero es un dolor suave, es una caricia en realidad. Una pala, un hombre que planta árboles. Su misma pala, sus mismas manos. Un hombre que planta árboles. Un hombre que nunca olvidará el cielo y que canta a los pájaros, sobre su sonrisa. Sus manos, sus mismas manos. Se hartó de las apariencias y cambió su mundo por otro. Rompió todos los espejos de su casa pero dejó un trozo enterrado en algún lugar, que después quiso encontrar, mucho después quiso buscar pero había olvidado. Miró a su alrededor y vio un caballo y el caballo le indicó el lugar donde, tiempo atrás, alguien perdió sus gafas. Después bajó la cuesta de la bicicleta sin frenos y cavó otro hoyo más. Ha perdido la cuenta de cuántos van. El río Tajo en llamas porque el agua también puede arder. No hay desastres, solamente ojos que no ven. Accidentes, azares, alguna suerte. Por delante, no lo sé. Muere de sed el mar. La paz sea en este hogar.17082022 23:25 geolocalizado justo aquí
a un joven
Me gustaría poder darte un consejo y que lo escucharas. Lamentablemente, no tengo consejos para ti. Si sufres, sufre solo. Si vuelas, házlo tan alto como puedas. Recomiendo el vuelo vertical al principio. Recuerda siempre que vas a caer. No llenes tu cabeza de imágenes. Hinca la rodilla en el suelo una vez solamente. No dejes que te arrebaten tu mundo. Si tienes un mundo interno, protégelo. No regales ciudades a nadie. No regales tu pasado a nadie. No te disculpes por ser quien eres, por haber sido quien fuiste. Regala tus palabras más sencillas al moribundo. Busca siempre y ante todo la libertad, sea cual sea tu definición de tan escurridiza babosa, pepita de tomate inatrapable. Recuerda que si rompes un huevo y cae un trocito de cáscara dentro de la sartén, podrás sacarlo con otro trozo de cáscara mayor. Creo que este es mi consejo: construye un barco y échate al mar. Enamórate de una ola.un domingo
Gracias por vuestras palabras. Por dejarme cargar con mi silla de hierro y mi higuera yo solo, por aceptar mi negativa a vuestra ayuda. Gracias por dejarme vagabundear y perderme, por esperarme, por aceptar mis necesidades y no verlas como caprichos.Gracias por trabajar en silencio, mientras comes, mientras te miro desde la cama moribundo de calor y completamente ignorante de que te observo y te admiro aunque apenas hemos intercambiado unas palabras.
Gracias por vuestras y por tus palabras. Por enseñarme lo que es la amistad, por darme ese abrazo. Gracias por dejarme morir en la noche del parque más bonito de la ciudad, en un banco, con Casiopea moviéndose sin rumbo sobre mi nublado juicio. Gracias por venir a rescatarme, por tus pasos, por cargar con mi cuerpo cada día más ligero. Gracias por decirme que soy bueno. Por creer en mí. Gracias por la música, por rechazar demasiadas sardinas y comer solamente las necesarias.
Gracias por beberte la cerveza hasta el final, de una vez, una, dos, tres veces. Por dejarme besar vuestros labios, por dejarme llorar en la escalera. Por el camaleón en mi mano y las historias de violencia insuperable. También a ti, por seguir a mi lado, por llamarme al teléfono porque sí y decirme qué hay de comer en casa de tu abuela y reírte con tu risa contagiosa y saber que puedo contártelo todo, sin tapujos. Gracias por enfrentaros a mí desde la admiración.
Porque yo os admiro a todos. Y somos todos tan diferentes y a la vez tan parecidos.
Gracias por ese domingo que ya se aleja, que ya se va, que ya se ha ido. A la velocidad de la luz se aleja, nuestra imagen sentados en cualquier suelo, rodeados de todas las palomas se llaman Jorge, pero existe aún, miles de millones de kilómetros en todas direcciones, cada vez más lejos. A velocidad constante. Ángeles, dios, risa, ansiedad de cámaras que no funcionan. Todo eso junto y mucho más, en el orden exacto en el que aconteció. A miles de millones de kilómetros. En todas direcciones. Cada vez más lejos. Aquí.
Madrid, 22 de agosto de 2022.
reply to advanced quantum technologies
Entre dos llamadas, entre una que ha ocurrido y otra que va a ocurrir, espero que al Parador Nacional de Alarcón y no al de Cuenca, me levanto del asiento y leo en un post-it 90 días sin agosto y pienso qué demonios porque me resulta poéticoalgoajeno y a la vez es claramente mi letra y entonces caigo, en que es una cosa aburrida. Pero la imagen ya se ha quedado. 90 días sin agosto. Ojalá hubieran pasado ya noventa días sin agosto. (Necesito graduarme las gafas.) La guía de Vanishing Point: How to Disappear in America Without a Trace se me está haciendo entretenidísima. A Bobin recurro menos de lo que pensaba. El I Ching ni lo toco. En cambio, WILL HAPPINESS FIND ME? de P. Fischli y D. Weiss me está pareciendo muy certero por momentos. ¿Y a quién le importa? Pues, a mí.reply to advanced quantum technologies (2)
Siguiendo con los post-its: tengo dos pegados delante de mí. En uno pone “LOVE IS WISE, HATRED IS FOOLISH” y en el otro “LOOK ONLY AT THE FACTS”. Respecto al primero, qué difícil es mantenerse. Respecto al segundo, me doy cuenta de que los hechos solamente pueden confirmarse a posteriori. En muchos casos, muy a posteriori. Por eso, podemos pasar toda una vida engañados. Pero, si solamente puedo confirmar un hecho despúes de que ocurra, ¿cómo garantizo que, tiempo después, no he viciado el hecho, no lo he adornado con cosas inventadas? Buena memoria y punto, quizás. Relatividad de los hechos y problemas ontológicos aparte, hay casos en los que el autoengaño con respecto a una persona es tan flagrante que cuando se empieza a vislumbrar “la verdad” se siente uno tan rematadamente imbécil que dan ganas de pedir por favor que alguien resetee el reloj. Y es difícil no odiarse a uno mismo por tomar decisiones estúpidas. Pero el post-it dice hatred is foolish, así que estaríamos manteniendo la actitud idiota, no habría progreso.Darse cuenta de que una imagen mantenida mucho tiempo no se correspondía con la realidad es un proceso bastante natural en el ámbito del desamor, sobre todo cuando se carece de práctica. Quizás una estrategia de defensa, al fin y al cabo, también. Aunque sospecho que, como en todo, hay grados. Cuando las señales aparecen en uno mismo, no hay que mirar para otro lado. No a esta edad de la supuesta razón.
28 de agosto de 2022
viento
La sombra de los árboles agitados por el viento y como magnificada por la cercanía a la farolaen mitad de la noche sobre el asfalto cuesta abajo hacia el río
Atropellos sin sonido, sólo un golpe seco, sordo
Motos eléctricas que desplazan volúmenes de aire a su paso
Silencio detrás de ellas, delante de ellas
Un jardín con varios jardines dentro, un día vinieron patos
Salvar un gingko que ha presenciado demasiadas terapias ajenas
en un consultorio plagado de tintines al final de la misma calle de siempre
en la misma esquina de siempre
Y al otro lado, un muro de un kilómetro que se proyectó hace muchos años
paralelo a General Ricardos
Un orfanato, niños sordos, niños ciegos
Flores para nadie
Viento
31 de agosto de 2022
rehabilitación
me confieso tremendamente débil, sugestionable, despistado, olvidadizo.cada día más miope, más daltónico, más delgado.
temblor en las manos. la radio muy bajita.
más billar. mucha concentración en el juego. júpiter sigue estando visible estos días.
me quiero arrancar el color rojo, que se vaya por el desagüe como el agua sucia de la fregona, manchada de sangre seca. (dry the wets, wet the drys.)
hace casi dos meses que cuento los días, uno a uno. ¿es una cuenta atrás?
5 de septiembre de 2022
come helado de lidl en la ventana
un sofá de tres piezas.una pareja de unos sesenta subida en una moto de cincuenta, ella con casco de bici.
vecinos de usera.
casas colgadas o colgantes.
calma de una ciudad que parece italiana.
una posada con mil recovecos, todos las escaleras parecen llevar al mismo sitio.
un mar de piedra, un perro, caminar en línea recta y volver al punto de partida.
el punto como símbolo de la eternidad (?).
una filósofa que estudia leyes, que gesticula, que me hace reír.
le gusta todo lo azul, me cuenta historias casi imposibles, le brotan como alucinaciones y luego nos quedamos callados mucho tiempo.
un libro inflable.
mis manos antes de ser heridas, enmarcadas, en un suelo que mis pies no pisan.
enlazadas, secas.
le regalo una edición de bolsillo de un libro de más de mil páginas.
apellidos falsos por todas partes.
desconfianza hacia lo auténtico, desconfianza hacia uno mismo.
11 de septiembre de 2022
flotador
el estado de whatsapp de un tío mío fue durante mucho tiempo “atento”. Quizás lo siga siendo.No quería empezar este texto así, pero me he acordado de eso cuando me decía a mí mismo que estoy “recuperando la extrañeza”. He escrito a un amigo: “estoy recuperando la extrañeza”. Luego, mentalmente, he tratado de afinar más. He pensado, me he corregido: “recuperando la capacidad de extrañarme”. ¿O de soprenderme? Pero, ¿cómo hay que estar para sorprenderse? Despierto. Sí, despierto, y atento. Y, ¿quién está atento, de acuerdo a su estado de whatsapp? Mi tío.
He pensado: cosas que pasamos como normales y que no lo son. Que son violaciones absolutas de nuestra libertad. He pensado que a veces nos dejamos atrapar en una red invisible que se cierne sobre nosotros tan delicadamente que no notamos su presencia. Defender la red es no hablar de ella nunca. No reconocer su existencia alimenta su fuerza, ¡claro!
Estoy recuperando la capacidad de asombro, y ello me lleva a extrañarme de mí mismo; retrospectivamente, digo. De haber estado ahí sin saberlo. De haber sido eso.
Me da placer extraer un disco duro desde la línea de comandos, usando diskutil en un Mac. Un camión abollado puede perfectamente servir de disco duro. En mi caso almacena el recuerdo de un conflicto, de una tensión, de un ahogo por palabras no sacadas porque no tuvieron tiempo de saber qué palabras querían o debían ser.
Me voy a hacer una visita a una persona con una sonrisa contagiosa, así que, otra vez, lo dejo aquí, en una rareza un poco flotante, y, francamente, bastante cómoda. Sus ojos son enormes, y brillan como si acabaran de llorar. Pero son las lentillas, que generan ese engaño en la mirada. En la moto, pienso un verso que no termino, y que empieza “una nostalgia no controlada es como...”. Pienso en una paloma que juega al ajedrez y cree ganar la partida después de desparramar las piezas por el tablero. Me río un poco y acelero mi moto-beluga.
19 de septiembre de 2022
huida
acaban de disparar al bebé que llevaba en brazos. Envuelto en una manta. Su sangre caliente me cubre las manos y la adrenalina me abrasa las sienes. Me viene a la mente la imagen de los cajones abiertos. El desorden que deja atrás la búsqueda insatisfecha, la búsqueda embrutecida del avaricioso. En un cajón asoma un marco sin abrir, un marco barato de leroy merlin. Dice “home”. Sólo puedo pensar en eso mientras sostengo el hilo de vida cada vez más ligero. La tostadora me devuelve a la realidad. La realidad en la que hoy hay tormenta eléctrica y en la que nada de esto ha ocurrido.19 de septiembre de 2022
deranged
i would marry an iceberg with this musicthe end is so abrupt though
chess game: facing world champion
¿Cómo se escribe cuando, por un lado, uno no está inspirado, y, por el otro, se está pensando en otro idioma diferente al que se quiere usar para escribir?adicionalmente, cómo se escribe cuando hace un calor húmedo, cuando la mente no está realmente (realmente) en el lugar desde el cual se planea decir las cosas, sino en otro sitio, cuando la mente realmente (realmente) quiere descansar, encontrar un poco de reposo (reposo) en el hambre, un hambre que no puede ser porque se ha comido en abundancia hace escasas horas, pero que quizás sea más real (real) precisamente por eso, porque se ha mal acostumbrado al antaño (hace no tanto) raquítico estómago a tener siempre algo de lo que tirar. Acordarse de la falta de sabor del hígado y pensar constantemente en la palabra strogonoff, saber que a estas horas va a ser casi imposible encontrarlo.
escribir esto desde ese hambre (hay quien diría esa hambre), y desde un lugar bastante absurdo, o no, según se mire, pero sí: pijo se dice “beto” en portugués y este lugar es no solamente beto sino católico en exceso, y con ese despilfarro ostentoso que esconde obras de arte en lugares supuestamente insospechados, como ese sitio de aparcamiento gratuito cerca de Príncipe Real en Lisboa, y cuya existencia Laura ponía en duda.
Códigos bidi por doquier, qué lata, qué lata tener que mirar la carta en un teléfono móvil, qué lata que el papel esté en desuso, qué lata ser un viejoven que dice qué lata.
cocainómanos por las calles, en las películas, en las bibliotecas episcopales, decoradas con molduras gigantescas de angelotes que parecen reir, pero que en realidad están explorando el espacio exterior con muestras de asombro, y rodeados de dragones inspirados en perros, y que mezclan sus cuerpos con ornamentos florales, aunque no quería usar esa palabra, “ornamentos”, realmente no quería, pero ya está, tampoco ha sido tan grave.
Otro macbook a mi lado, otro más, uno ya se acostumbra a estar rodeado de ellos, en las cafeterías que ofrecen cosas sin gluten a precio de diamante.
Yo solamente quería hablar de la partida de ajedrez más comentada en estos días: esa en la que se acusa a uno de los participantes de usar un plug anal para recibir, codificados en vibraciones Morse, los movimientos más precisos, que puedan hacer frente al campeón mundial, mi amigo íntimo en las historias de instagram. Strogonoff, ya voy. Vamos.
Hilarious hans goes like hmmmm yes
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Causa y tranquilidad
Hoy me he dado cuenta de que el mero hecho de que todo tenga una causa me permite aceptar la realidad de una manera un poco más tolerante, permisiva quizás. La situación ha sido la siguiente: un cliente se ha mostrado muy cabezón con una cosa aparentemente baladí. Mi primera reacción ha sido de respeto. Respeto porque para llegar a ese estado de cabezonería algo ha tenido que ocurrir. Ya sea una sucesión de eventos que justifiquen su postura, algo aislado de su vida que le haya llevado a reaccionar de esa manera tan sumamente taxativa e “irracional”, o una cosa de personalidad más o menos paranoide, el caso es que algo ha ocurrido.Hay que poner a prueba esta supuesta calma de la causalidad con un ejemplo un poco más extremo, de todos modos. Un ejemplo en el que la calma asociada a descubrir la posible causa de un evento sea manifiestamente amoral daría al traste con la “teoría”. Por tanto, es conveniente imaginar una situación fea. (desarrollar esto luego).